Desde Moringa: Slow Fashion y ropa ecológica.

Estrenamos sección en el blog, donde explicaremos nuestro proceso de producción y los motivos por los que hemos elegido hacerlo de esta forma. En esta primera entrada, nos centraremos sobre todo en por qué trabajamos con algodón y por qué con algodón ecológico.

Actualmente, la industria textil es un caos, dominada por el Fast Fashion, llamado así para compararlo con la industria del Fast Food, pues se trata de moda rápida que intenta que cambiemos nuestro armario por completo una vez a la semana. En el otro lado del espectro, y en minoría, se encuentra el Slow Fashion, moda lenta, que se caracteriza por prendas mucho más básicas, sencillas y fáciles de combinar, que no saturan con la rapidez con la que pueden hacerlo otras prendas más “complejas”.

El movimiento del Slow Fashion está muy ligado a la lucha contra el consumismo extremo y a favor del trabajo justo y, por lo tanto, el cuidado de la Tierra y quienes habitan en ella. Este último aspecto parece secundario para muchos compañeros y compañeras de la industria, pero para nosotros es tan decisivo como los otro dos. Tal y como lo entendemos, el Slow Fashion no puede existir más que estrechamente relacionado con la sostenibilidad ecológica.

En los inicios de Moringa acordamos que nunca emplearíamos productos plásticos en nuestros productos, todo debería tener un origen natural. Así, si algún día se desechaba alguna prenda o producto, éstos podrían volver a la naturaleza sin apenas dañarla. Sin embargo, en nuestra segunda temporada esta idea se nos quedó pequeña y, al aparecer la posibilidad de utilizar algodón con certificado ecológico y de comercio justo (Fair Trade), no lo dudamos ni un instante.

¿Qué aporta el algodón ecológico y el comercio justo además de un encarecimiento del producto?

La ropa ecológica es ropa normal. A primera vista, no se puede apreciar ninguna diferencia entre una prenda de algodón ecológico producida justamente y una de algodón tratado con químicos. Las dos prendas van a parecer prácticamente iguales tanto a la vista como al tacto. Es con el uso con lo que quizá podamos toparnos con que el algodón no ecológico produce alergias o irritaciones, algo que jamás ocurriría con una prenda elaborada ecológicamente.

Sin embargo, hay muchas diferencias invisibles e intangibles. El cultivo del algodón, desgraciadamente, “común” se produce en monocultivo, es decir, el terreno es destinado únicamente a la producción de algodón, lo que agota los nutrientes  del suelo más velozmente y atrae distintas plagas de hongos y animales, lo que obliga a los agricultores a slow fashion ropa ecológicaemplear distintos herbicidas, pesticidas o fertilizantes químicos para salvar los cultivos. Muchos de estos químicos se rocían y, además de afectar a la planta, contaminan el aire, la tierra y el agua, llegando a la cadena alimentaria de muchos seres vivos. Además, los efectos de este modelo de agricultura no son sólo naturales, sino también económicos y sociales: en los últimos veinte años, más de 290.000 agricultores indios se han suicidado al ser incapaces de afrontar las deudas. En parte compañías como Monsanto, con su monopolización de la venta de semillas de algodón, son parcialmente responsables de los sucesos, vendiendo las semillas cuatro veces más caras que sus competidores.

En cambio, el cultivo de algodón ecológico es radicalmente opuesto. Los cultivos se rotan en los terrenos para evitar los problemas anteriormente mencionados, por lo que desaparece la necesidad de rociar la producción con pesticidas químicos. La ausencia de químicos se controla y certifica por medio de empresas externas como GOTS, la encargada de certificar nuestros productos. Asimismo, diversas organizaciones enmarcadas dentro del Comercio Justo se encargan de garantizar que los trabajadores desempeñen su función en condiciones laborales dignas y con un salario justo. Por último, y siendo consecuentes con nuestro principio de sostenibilidad, la mayoría del proceso productivo (exceptuando el del algodón) de Moringa tiene lugar en España, para reducir al mínimo nuestra huella de carbono. algodón ecológico

Por supuesto, todos estos cambios encarecen el producto final, pero al mismo tiempo es una garantía de que no se utiliza fuerza de trabajo esclava ni infantil, ni las condiciones de trabajo son inhumanas. Se realiza un trabajo justo a un precio justo.

Por lo tanto, decimos sí al Slow Fashion, pero al Comercio Justo y a la sostenibilidad ecológica también.

Sigue creciendo.

Namasté.

 

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